Absurdo

Estándar

Es curioso, si no bien absurdo, el darme cuenta de las cosas después de tener la oportunidad de poder hacer algo al respecto, como si no pudiese evitar que sucediesen por más que me empeñase en ello.
De hecho, odio lo absurdo de mis pensamientos, que se empeñan en contradecir lo que quiero pensar en el momento exacto en que lo hago, y ahora es el momento de explicarme:

Un ejemplo es que justo cuando quiero pensar en una nueva relación me doy de bruces con algo que no creía que siquiera existiese, como que me negaba a verlo, haciendo que de repente sea incapaz de pensar en otra cosa, y me vengan a la cabeza recuerdos como la canción de Grease protagonizada magistralmente por Olivia Newton-Jones “Hopelessly devoted to you” y algún que otro texto de Alex Ubago

Mi mente se empeña en interponerse entre mis ilusiones y la realidad, y me nubla todo aquello que tengo delante, independientemente de lo que sea y de dónde provenga…

Es un disparate, lo sé, pero no puedo dejar de darme cabezazos contra la almohada continuamente sin ninguna explicación aparente y sin ningún motivo determinado.

Odio tener que estar así en cada momento de mi vida, y me recuerdo a un diezañero adolescente, incapaz de tomar ninguna decisión sensata, o al menos, de buscar motivos suficientes como para tomarla, o siquiera plantearse el motivo por el cual ha decidido realizar dicho acto.

Sinceramente, creo que tengo un colador como cerebro, pero un colador atorado, que solo funciona cuando se le hecha más contenido dentro, y lo único que consigo es atascar más su mecanismo, que no por ser simple, deja de ser útil y práctico, como tamizando bloques de cantería con un filtro de cafetera exprés, en cuya situación, la única respuesta factible implica destrozarme en pedazos.

¿Qué será la próxima genialidad que me aguarda mi mente? ¿Quizás cometer un disparate del que no tenga posibilidades de arrepentirme? O peor, ¿ser plenamente consciente del disparate que estoy a punto de cometer?

Mejor no quiero saberlo, me aborrezco…

O mejor dicho, aborrezco mi mente, que se empeña en eso, en pensar, pero hacerlo justo en el momento en el que debe dejarse llevar por la intuición, quedándose en blanco cuando necesito una brillante idea, o simplemente, la solución más sencilla a un problema…

Sigo el principio de la navaja de Ockham, pero al parecer, sin afilar y con la hoja doblada…

En fin, creo que es hora de no decir más disparates, y volver a mi sinsentido de vida, ¿no crees?

Me despido hasta la próxima, y espero que no última, redacción de mis ideas en formato de texto.

Deja un comentario