Paradojas de la vida

Estándar

Es curioso cómo a veces intentando decir algo ya anteponen lo que puede pasar por tu mente aunque poco tenga que ver con lo que quieres intentar decir.Es fácil anteponer tus ideas sobre otra persona antes de intentar ser neutral, pero en esas ocasiones puede decirse eso de que “la confianza da asco”, pues cuanta más confianza tenemos con alguien, muchas veces de forma inconsciente (otras tantas premeditadamente), presuponemos lo que los demás pueden querer decir o pensar ante ciertas situaciones.

Justamente hoy cuando intentaba hablar sobre un tema bastante interesante, que no era otro de materializar nuestra mente en el papel, pude verme coaccionado por presuponer que intentaría hablar de algo totalmente diferente, hasta el punto de acabar con malas caras cuando el objetivo era abrir una “pequeña reflexión” sobre la forma de abrir nuestra mente al mundo, incluso hasta a nosotros mismos.

Es curioso cómo nuestra propia mente puede enfadarse consigo misma, y ahora mismo me estoy digamos que molestando (por no decir “reprendiendo”) a mí mismo, pues he caído en la trampa de darme cuenta de lo que hago muchas veces al verlo reflejado en otra persona.

Por ventaja, soy una persona bastante empática, y parece que tengo la habilidad de un escalpelo al introducirme en la mente de los demás (lo que puede llamarse empatía o sociopatía dependiendo el nivel de “entrometimiento” que tengas hacia esas personas), pero ni yo mismo puedo llegar a comprenderme. Y es justo esa situación la que hoy genera estas líneas.

Debido al debate interno que quería formular, resulta que por impacientarse (respecto a mis palabras me refiero) pensaron que hablaría de algo totalmente diferente, que poco tenía que ver (si no absolutamente nada) con lo que realmente intentaba decir, y mientras escribo aquí estos disparates, he llegado a pequeñas grandes conclusiones conmigo mismo.

La primera: Me hago la picha un lío. Soy difícilmente comprensible y es aún más complejo saber a lo que me quiero referir cuando empiezo ciertas conversaciones. Además, suelo enredarme demasiado para cosas que aparentemente pueden parecer simples, pero que en mi sesera parece que no lo son ni por asomo.

La segunda: Soy muy bruto. Uso ejemplos demasiado yuxtapuestos al tema a tratar para decir algo muy simple, o al menos en apariencia, lo que hace que ni yo mismo pueda terminar una conversación interrumpida sin plantearme seriamente cuál era el tema a tratar, y eso me lleva a la tercera.

Esta tercera es aún más intrínseca a mi persona: Mi capacidad de despiste cada vez me asombra (a la vez que apabulla a mí mismo) cada vez más, y siempre supero mis expectativas de cuán concentrado puedo llegar a estar en lo que hago, y ya hasta yo me preocupo de la cercana nulidad de esta característica.

Como cuarta puedo decir una cosa: Iba pa inventor y me quedé en alguien que ni entiende sus propias ideas. Y aquí me detengo, pues resulta que tengo pruebas fehacientes.

Es muy fácil creer que tienes una panacea para solventar ciertos problemas, pero en mi caso es aún más fácil que nunca jamás en la vida recuerde que reinventé la rueda, porque ni yo mismo entiendo lo que plasmo en cualquier plataforma (ya sea el papel, éste blog, mis redes sociales…) y me frusta no llegar a comprender los garabatos eufóricos que un día escribí, y cuando pienso en algo similar recuerdo esos garabatos pero no puedo situarlos físicamente ante mí porque no sé cuáles son.

En fin, hay otras muchas que siguen viniendo en oleadas cual tsunamis que arrasan con la calma de mi propio caos artificial, y si las escribiese todas acabaría sin soporte tangible para exponerlas, pero ya estoy haciendo acto de mi primer estamento, y desenredo el lío de picha despidiéndome hasta la próxima y esperando demostrar que mi supuesta vanidad es solo fachada, y que el hecho de no conocerme a mí mismo queda demostrado como un hecho, como el hecho aquí expuesto y en otras publicaciones, y que a veces ni yo mismo tengo ni idea del motivo por el cual hago lo que hago.

¿Qué? ¿Te he liado? Si es así has de saber que yo también me he liado escribiendo, y aún más leyendo automáticamente después, a teclear lo que he escrito.

Creo que ahora sí, toca el pequeño gran adiós. ¿Nos vemos en la próxima?

Un beso enorme a todo aquel ser que lea estas líneas y gracias por preocuparte por mí, porque es probable que lo hagas incluso más de lo que yo lo he hecho a veces de mí mismo.

¡Hasta más ver, que amenazo con volver 😉  !

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