Una historia difícil de contar

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Es duro decir que has intentado acabar con tu vida, pero más duro es reconocer que ahora mismo sigues sintiendo que tenías que haber dado el paso, que no tenías que haberte arrepentido de intentarlo.

Mucha gente me considera una persona alegre, divertida. La típica persona que cuando falta una tarde de amigos se echa en falta, que si te olvidas de que tienes que volver a casa, te gustaría gastar el tiempo a su lado. Sociable, podría decirse como groso resumen de lo que esta gente piensa de mí, pero cuando soy yo quien lo dice, una malévola sonrisa aparece en mi parte no consciente, diciéndome a gritos y carcajadas que deje de engañarme, que no es cierto, que lo que han visto es solamente una burda fachada.

Duro, ¿verdad?

Pensar que no eres como quieres ser, y que ni siquiera pueden llegar a verte como realmente eres, mientras te inventas un personaje que te empeñas en interpretar constantemente sin que nadie se dé cuenta de que realmente es solo un papel que te has inventado, y que piensen que realmente eres tú quien se esconde bajo ese enorme y cuidado disfraz que te empeñas en llevar siempre puesto. Pensar que tu vida no es más que una comedia que ni tú mismo llegas a asumir…

No llega a hacer un mes cuando, al entrever que hasta yo mismo había empezado a creerme m propio papel, tomé mano detodo tipo de analgésicos, narcóticos, somníferos, etcétera; y que decidí con ello irme a dormir para nunca más despertar, no llegar a ver un nuevo amanecer.

Mi vida se agrieta como la fachada de una morada abandonada que ha visto pasar los lustros sin llegar a recibir la atención que requería, sin que nadie se diese cuenta de que algún día desaparecería sin que nadie la echase de menos.

Sé que dejaría a mucha gente atrás, y sé que ello supondría una sensación de culpa perpetua en sus mentes y en su rutina diaria, pero por una vez prefiero el egoísmo. Por una vez me gustaría ser el centro de atención de los que se han olvidado del daño que me han llegado a causar.

Mis demonios me atormentan, pero siempre pasaron desapercibidos, invisibles al resto de la gente como si de un sueño se tratase. Como una pesadilla, constante y profunda de la que no puedes despertar nunca, y la cual parece que quise asumir como si fuera mi propia realidad.

Hoy no iré a la cocina nuevamente a por una nueva dosis de letal medicina, ni planearé saltar de un puente como otrora hice, ni iré buscando una paliza que me recuerde que estoy despierto y que por ello siento dolor.

Mis lágrimas no salen, y llevan mucho tiempo sin salir. Tanto mal he visto en mi rutina, que me parece cotidiano el propio sufrimiento que llego a someter a mi propia existencia.

En cuestión de dos años he visto como media familia se me escurría entre las manos, y se desvanecían sus vidas en el éter de la eterna parca mortuoria.

En cuestión de dos años he visto que la gente esconde su verdadero ser, y que normalmente suele ser más horripilante que tu imagen sobre los que crees conocer.

En cuestión de dos años he comprendido que no soy quien quiero ser, que no vivo donde me gustaría vivir, ni cómo, ni con quién me gustaría hacerlo.

En este tiempo de forzada reflexión desearía poder creer en la vida eterna, y que me esperasen aquellos a los que tanto echo de menos. Desearía irme lejos, rompiendo con todo y con todos y crear una nueva vida donde nadie me conozca. Me gustaría cambiar mi carácter, impulsivo y explosivo, pero sobretodo parece ser que constantemente deprimido. Ojalá pudiese despedirme otra vez de los que ya no tengo cerca, y mandar a la mierda a quien se lo merece mucho antes. Ojalá pudiese volver al pasado para dormirme en sus brazos mientras me cantaba, a aprender a jugar con el trompo de nuevo, a escuchar aquellas interminables conversaciones que daban dolor de cabeza a cualquiera mientras me preparaba unas galletas con Nocilla; y que después volviese nuevamente al presente y que se volviesen a repetir…

Me torturo a mí mismo por no querer olvidar, y por no poder dejar de recordar que los mejores momentos de mi vida siempre fueron el consuelo de otros mucho peores.

Cuando recuerdo lo mejor de mi pasado tenebrosas sombras que me nublaban vuelven tambien a mi mente, y recuerdo aquellas tardes mientras lloraba de verdadero terror, mientras me aferraba a mi almohada, amoratado y con la ropa descompuesta. Recuerdo aquellas caras de puro odio cuando me propinaban patadas, puñetazos, golpes, insultos y amenazas de todo tipo, y de las que poca gente nunca fue consciente, y de aquella continua ansiedad y desesperación.

No quiero vivir en el presente, está vacío; pero vivir en el pasado supone sufrir tanto por mi ausente presente, como por aquellos demonios humanos que hoy en día siguen con vida.

No me contengo muchas veces, y me convierto yo mismo en aquel monstruo que antaño me destrozaba, y sin lesiones visibles ni momentos a escondidas, me propino palizas y torturas constantes, tan grandes que pocas veces puedo despertar de ellas nuevamente.

Estoy sin fuerzas. De hecho, ni siquiera tego energía suficiente como para poder acabar con mi vida, cortar de raíz todo lo que tanto ha sucedido entre mis días.

Es duro decir que te has intentado suicidar, pero aún más duro es descubrir nuevas razones para acabar con tu propia vida.

Es duro despertarse, más aún cuando es de una súbita y dolorosa pesadilla.

Es duro…

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