Unicornios extraños

Estándar

Es raro pararse a pensar en lo que dejamos atrás poco a poco sin darnos cuenta durante el camino de nuestra vida, las emociones que ya no sentimo y, sobretodo, ciertos recuerdos que ya será difícil dejar de recordar.

Es raro, cierto es, que uno no añore aquellos “tiempos pasados” que siempre parecen mejores de lo que realmente fueron.

Suelen llamarme una persona infantil, inmadura e incluso hasta se han atrevido a decirme que tengo cierto “síndrome de Peter Pan”, pero poca de esa gente es capaz siquiera de intentar conocerme.

¿Acaso no es mejor querer conservar la inocencia? ¿No es acaso positivo querer ser impulsivo y disfrutar de cada momento de nuestras vidas? ¿Se nos olvidó ser niños en algún momento para desmaterializar nuestra mente y regenerarla totalmente distinta como “un adulto responsable” que esconde lo que siente, que camufla lo que piensa y que, sobretodo, es incapaz de disfrutar de su vida?

Yo sigo sin querer extraviar a mi querido unicornio azul, pues sé que cuando se vaya no volverá, sé que cuando deje de soñar, cuando deje de crear, cuando deje de ilusionarme por esas pequeñas cosas que día a día nos encontramos dejaré de ser yo, y una parte de mí, la mayor parte de mí habrá muerto en ese mismo instante.

¿Por qué cuesta tanto comprenderlo? ¿Por qué todo el mundo se empeña en decirte cómo debes ser, pensar, sentir, comportarte y actuar? ¿Por qué no se meten la mano dentro de los pantalones para agarrarse sus estúpidos traseros y me dejan a mí tranquilo?

Ya me he cansado de ser lo que el resto quiera ser. Demasiado me ha costado descubrir cómo soy para encima querer cambiarlo porque a alguien no le guste mi forma de ser.

No, no estoy loco. No tengo ningún problema social, ni personal, ni de ningún tipo. Eres tú quien tiene el problema: el problema de querer meterte en mi vida para cambiarla sin comprender que soy yo el que no quiere cambiar, el que prefiere estamparse para disfrutar de esa energía que se siente cuando te vuelves a levantar, a continuar; ese morbillo de buscar otros caminos distintos sin saber qué sucederá, sin saber cómo actuarás.

A esa persona que me diga que ya no soy un niño, mi respuesta será contundente y le diré que ya dejó de ser humana, que ya dejó de ser la esencia de la vida, que se olvidó de quién era y de quién quería ser, y más aún, que se está comportando de la misma forma que nunca quiso llegar a ser cuando pequeños, que se ha convertido en ese “enemigo” imaginario que era ese ser “mayor que no te entiende nunca”.

No quiero crecer, no porque tenga ningún problema por hacerlo, sino porque aún no he encontrado ninguna buena excusa para dejar atrás todo mi origen y cambiar para ser como el resto espera que sea.

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