¿Y si hablamos de lo que nadie más habla?

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No me he vuelto loco. Sé muy bien de lo que estoy hablando.

Hablo de aquello que nos avergüenza decir, hacer o pensar.

Hablo de las guerras que “no nos afectan”, de los que duermen en la calle “porque no quieren trabajar y buscarse la vida”, de los que tienen el control de la ropa “del domingo pa estar guapo” y que cuesta mil veces más de lo que debería valer.

Hablo de esas situaciones incómodas y sus frases como “es que me gustas” o “no es por ti, es por mí”, o incluso de otras más comunes como “es que me estoy poniendo a dieta” porque no valoramos nuestro cuerpo.

Hablo de trastornos emocionales, como la depresión, la ansiedad, el síndrome del quemado, el desasosiego de las notas, acompañado de un “estás suspendido” que te arruina tu “futuro verano”.

Hablo de querer salir, de huir de todo, de irse lejos e intentar volver a empezar, de cero y sin arrastrar el pasado.

Hablo de mí, de ti, de nosotros, de todos. De callar lo que queremos gritar a los cuatro vientos, y de decir lo que no pensamos por quedar bien en algún momento.

Hablo de la vida, injusta, traicionera, basada en engaños y quimeras inalcanzables, solamente porque nos ponemos lastre para llegar a cumplir nuestros sueños.

Hablo de nuestros límites, nuestros problemas de la vida diaria que nadie entiende, y que muchos menos querrían nunca llegar a entender.

Hablo de soñar estando despierto, de sonreír cuando miras hacia la nada porque nada te evita estar feliz. Hablo de esos momentos que repetirías mil y una vez cada vez que la tristeza se apodera de ti.

No hablo de nada especial, pero es cierto que todos somos especiales en esta vida. Hablo de lo que nos hace humanos, lo que nos quita pedacitos de sonrisas que nunca llegarán a producirse.

Empezaré a hacer más cosquillas, a contar chistes aún peores, a hacer estupideces que me hagan reír, a quedar como un tonto por la vida. Empezaré a vivir como quiero, de la forma que quiero y con quien quiero que me rodee.

A partir de ahora ignoraré a quien me llame infantil, a quien se ría de mis actos, a quien menosprecie mis logros, a quien intente hundirme, a quien se empeñe en dejarme atrás, a quien no me valore por cómo soy en vez de hacerlo por su “intuición”.

Hoy soy yo, y nadie más, quien sonreirá como nunca nadie lo hizo jamás.

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