El vinilo sonaba mejor

Estándar

Es común entre los audiófilos o melómanos decir que sus grandes obras sonaban mejor tras el soporte físico del vinilo, compitiendo con el lógico CD. Ésto tiene un por qué.

Como productor amateur (y espero que profesional algún día) me he preguntado muchas veces el por qué de la negativa del uso de soportes digitales por aquellos que se dedican a disfrutar del sonido como algo más que una pasión. Tras mucho leer y hacer mis propias investigaciones, la conclusión final es que se debe solamente a tres elementos: uno tecnológico, otro comercial, y un tercero psicoacústico.

  • La calidad de sonido es superior en los formatos digitales, se diga lo que se diga. En cambio, debemos utilizar una calidad correcta de codificación si queremos conservar una calidad correcta de audición, y esto es exponencialmente relacional.Nunca debemos comparar un formato de captación sin pérdidas con uno con pérdidas, y para que me sirva de ejemplo, usaremos a la radio: Suena mejor la FM que la AM, pero solamente porque tienen un mayor ancho de banda y una mejor reducción de parásitos en la señal, en cambio la AM utiliza mejor el espectro de frecuencias (ocupa menos espacio) y es mucho más rápido de poner en funcionamiento (tiene menor latencia).Si usamos MP3, Vorbis, Opus, AAC, M4A, … en vez de usar Monkey’s Audio, FLAC, archivos de onda, ALAC,… tendremos pérdidas de calidad debido a que estamos eliminando información para ahorrar en espacio, perdiendo una calidad de sonido proporcional al bitrate que seamos capaces de admitir por muestra. Un CD tiene mucha mejor  calidad que un vinilo, pero debemos usar métodos no destructivos en su creación.
  • Las técnicas de producción han cambiado, y podríamos considerar que se tratara del equivalente a un motor diésel de inyección con respecto a uno clásico de explosión que funcione a gasolina: reducimos en consumo, pero con ello perdemos tracción final.Actualmente las discográficas piden a sus productores que saquen toda la potencia del sonido, pero se olvidan de los pequeños detalles y se sacrifican los cambios de matiz en el sonido final, lo que hace que los altavoces vibren más, pero que borren muchos sonidos que generan una ambientación mucho más natural debido a sus variaciones.El resultado: un sonido más plano, pero mucho más potente, que sube las cuestas allanando el camino, o calándose (saturando) si la cuesta es muy brusca.
  • El ruido ambiental genera calidez. Es como escuchar el sonido de fondo de los calderos en un restaurante, las voces del resto de los comensales, los platos y cubiertos, oler los diferentes alimentos con sus características aromas… Nos hace humanos, imperfectos y maravillosos.Si damos pureza en toda la grabación, se pierde la naturalidad del sonido, se pierde la calidez de sentir que es real y no hecho por una máquina, y sobretodo, se pierde esa sensación de rellenar un vacío en nuestros oídos al escuchar la música.

Muchas veces son los pequeños detalles los que cambian nuestra percepción de las cosas, pero si nos comprometemos a captar sonidos puros en ambientes menos aislados, más naturales; nos comprometemos a sacrificar el espacio de nuestro disco duro ocupando cientos de megabytes con unos pocos minutos de grabación o usando codecs adecuados, y nos comprometemos a no perder la sutileza en la producción y masterización del sonido, el resultado final será una obra que hasta los más perfeccionistas del sonido, consideren dicho esfuerzo como una verdadera obra de arte y ejemplo a seguir.

¿Estamos dispuestos a aceptar el sacrificio? Yo sí, y de hecho considero que la estética sonora es una seña de identidad personal, cuya calidad final supone que cualquier oyente disfrute mucho más de cada una de las simples variaciones de presión que convierten un archivo de música en sentimientos y emociones que de otra forma serían prácticamente imposibles de transmitir.

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