El placer de escribir

Estándar

Escribir es como dar a luz.

Es una experiencia única, transformadora, incomparable a cualquier otra.

Es fácil decir “Yo no sé escribir” o “Eso no va conmigo”, pero lo cierto es que muchas veces nos vendría bien escribir aunque sea en una servilleta lo primero que se nos venga a la cabeza.

Hace tiempo, cuando iba a cualquier sitio, cogía una servilleta y sacando un bolígrafo de mi bolso o de mi chaqueta, dejaba frases y rimas sobre el plato, que muchas veces volvían hacia atrás para comentar lo bonito que era aquello que había salido de mis entrañas. Simple, pero hermoso me dijeron muchas veces.

Hoy en día lo hago menos. En parte por el estrés, las prisas, esa ansiedad que nosotros mismos nos imponemos, en otra parte porque ya no encuentro la inspiración en el vuelo de una paloma, o en el canto de un pájaro, o en unos niños corriendo y riendo a carcajada limpia mientras juegan…

¿Por qué no volver a empezar? ¿Por qué no comenzar a regalar cultura con sabor a caramelo, con gusto de bombón, con el calor de nuestra infusión favorita, con el tacto que solo un estilográfico puede hacer contra una servilleta?

Debería volver a empezar, y endulzarme yo también de esas frases pequeñas que cuando las lees parece que atraviesan el universo solamente para sacarte una sonrisa, o para conseguir una mueca de sorpresa, de curiosidad…

¿No es magnífico dejar un poquito de ti por cada sitio por el que pasas? ¿No es lo más bonito que has visto nunca que cuando vas a perder el norte tomándote un simple refresco, se acerquen a ti y te digan “¿Hoy dejarás otra servilleta especial? Me gustaría leerla…” y sacarte esa sonrisa vergonzosa y hasta un leve rubor al entender que ya formas parte de sus vidas?

Es como un parto, es un nuevo ser que sale de tu interior, y que puede cambiar el mundo con pequeños gestos, si tratas bien su esencia, si alimentas sus ganas de causar impresión, si lo mejor de ti queda sobre ese papel…

¿Comenzamos una revolución romántica? ¿Comenzamos a poblar bares, terrazas, restaurantes, tascas, tabernas, taperías, cafeterías, heladerías, … de pequeños trozos de nosotros mismos que hagan que el resto nos comiencen a recordar con una sonrisa?

Son pocos los momentos que nos permiten mostrarnos al mundo tal y como somos, y menos que desnudemos nuestro ser, nuestra esencia, nuestro sino, como puede ser una simple servilleta en donde nos tomamos un sorbo de tranquilidad y pausamos nuestra ajetreada vida para disfrutar de nuestro entorno. No hay mejor motivo que esas notas desperdigadas por el mundo para ser feliz.

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